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El sauvignon blanc deja de ser nuestro compañero habitual y damos por inaugurada la temporada de vino tinto. Si los vinos tuvieran sexo, el syrah de Limarí y Elqui es un macho alfa, un boxeador de Las Vegas.

Por Rodrigo Pica (@rodrigopica1
Panelista de Caleta Abarca
Miembro del panel de cata de Mantegini Sommeliers www.culturasommelier.com.ar

En marzo llegamos a la ciudad y la rutina; el verano se acaba, comienza a refrescar en desde la noche hasta la mañana. Una de las entretenciones es caminar al atardecer y ver el fútbol el fin de semana, ojalá algún clásico, partidos europeos o cualquier cosa buena, con la parrilla encendida, aroma a asado y un trozo de carne a las brasas esperando para ser engullido con ansias. Así, el sauvignon blanc deja de ser el compañero habitual y damos por inaugurada la temporada de vino tinto.

Con parrilla y el fútbol no todo es cabernet sauvignon; elegante cepa maltratada por los productores, al punto que hoy sus vinos son monótonos, agobiantes, secantes y adormecedores del paladar. Aunque en Chile no lo sepamos, nuestros tintos más cotizados son hoy de syrah o shiraz, la cepa tinta más antigua del mundo, emblemática del Ródano en Francia y Australia en el nuevo mundo, llegada a Chile hace menos de 30 años, no obstante lo cual nos da elegantes, corpulentos y sabrosos vinos, que con un asado bien hecho hacen caer rendido de gusto.

Se sabe que la uva syrah tiene más de 3 mil años, se le supone originaria de Persia (hoy Irán), por eso su nombre, asociado a la ciudad de Shiraz. Se discute si a Europa la llevaron fenicios, romanos o cruzados, pero está claro que es la cepa presente en todos los episodios bíblicos asociados al vino. Sí, si usted es creyente gócelo, pues lo que se cuenta del milagro la multiplicación del vino y la última cena fueron con tinto de syrah, que hoy en Chile ha encontrado un nuevo hogar donde se siente muy cómoda, dando vinos muy diferentes, que podemos dividir, grosso modo, en tres familias: los de costa (Casablanca y Leyda principalmente), los de climas semi desérticos (Limarí y Elqui) y los de cordillera de la zona central (destacando especialmente los de Aconcagua y Cachapoal además de haber algunos muy buenos en los valles de Maipo y Maule).

Los de Limarí y Elqui son reflejo del norte chico, soberbios, muy maduros, buen cuerpo, secos,  tánicos, con notas cárnicas y de cuero en nariz, que definen el carácter más animal de esta cepa, algo que a cualquier carnívoro seduce y recuerda a los aromas de una prieta cuando la estamos cortando recién sacada del asado; si los vinos tuvieran sexo, el syrah de Limarí y Elqui es un macho alfa, un boxeador de Las Vegas; en este estilo los datos son Tamaya Reserva, Maycas del Limarí (ambos en la línea de los $6.500), y Falernia Reserva ($4.500), ideales con costillar picante, carne a la pimienta o el mejor compañero de esta cepa: cordero.

El syrah de costa, es otro mundo: menos peso en boca, mucha fruta roja, aromas a violetas y rozas, más frescor y terciopelo que acidez, menos alcohol y más jugosos, si tuviera sexo es una bella y guapa mujer; vienen muy bien con un lomo vetado jugoso, cerdo adobado a la parrilla, al jugo o también una plateada. Cuesta encontrar etiquetas baratas de este tipo, pero vale la pena lanzarse: Corralillo Matetic, Leyda, El Bosque de Casablanca y Casas del Bosque están muy bien, entre los 5 y 15 mil pesos.

Los de la Cordillera Central son más cargados a la fruta negra madura, combinada con la nota animal, buen picor y respetable cuerpo, más esbeltos que sus hermanos nortinos y de final más amable; un estilo muy bien marcado en los de Errázuriz (Reserva a $5.500 y el muy bien logrado Max Reserva a $9.000) y Koyle (Reserva a $6.500), vinos que se gozan en la noche de otoño o de invierno, cuando nuestros instintos animales nos llaman a sentarnos al lado del fuego parrillero.

Ahora vamos al fútbol, parrilla encendida, las longas y el carbón sueltan sus aromas, ¡abrimos el syrah y comienza el partido!

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