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Gabo es el culpable de esto, por meter al fútbol en el realismo mágico. Tanto que Japón jugó el torneo, pero jamás Surinam, Guayana Francesa o Guyana que están en Sudamérica. No se espanten por lo de hoy.

Por Ignacio Pérez Tuesta – Director Radio Sport Chile

Muchos se extrañaron cuando hace unas horas el presidente de la CONMEBOL, Alfonso Domínguez, dijo que quien ganara esta Copa América Centenario en Estados Unidos, tendría el título oficial de campeón de América, más allá de ser una conmemorativa y no la oficial de cada cuatro años. Pero que el escudo de la camiseta seguirá siendo el de Chile 2015 y también la Roja será la que va a la Copa Confederaciones 2017 como campeón. Aunque Argentina gane el domingo y pasaba a tener otro escudo en la camiseta y la chapa de “campeón vigente”. Nadie entendió ni un carajo.

Pero a las pocas horas, el mandamás de la CONMEBOL tuvo que salir a aclarar que la Roja no perderá el título de campeón de América ya que Chile “es el campeón del 2015 al 2019″. El dirigente –paraguayo el hombre- recalcó que “el ganador del domingo es oficialmente el campeón de la Copa América Centenario, que se hace por única vez en la historia del fútbol”.

Ya todo se aclaró, perfecto, pero no se extrañen por esta “confusión”. En la historia de este torneo se refleja eso tan nuestro, difuso, al lote y tan sudamericano en la organización y reglamentos donde “todo no es ni muy, muy. Ni tan, tan”. Acomodemos la carga en el camino y vemos cómo resulta. Si bien es cierto, tampoco es menos cierto.

Claro, de qué se extrañan, la Copa América es el torneo de clubes más antiguo del mundo (vaya honor), pero lejos el más disperso, extraño y desordenado: se ha jugado cada 4, 3, 2 y un año. Con todos los formatos posibles: en grupos, ida y vuelta en países distintos y desde 1987 nuevamente en sede fija.

Por ejemplo, en 1941 se jugó el “Campeonato Sudamericano Extraordinario” en Chile, por el 400° aniversario de la fundación de Santiago y lo ganó Argentina y eso cuenta como título válido. Y hubo otros tantos “extraordinarios” para celebrar otras cosas o porque a algunos dirigentes se les ocurría y se conseguían las lucas. U otros como Bolivia 1963 (el único título de los altiplanos) donde Chile, pese a ser tercero del mundo, no fue invitado por los históricos conflictos limítrofes y Uruguay no quiso ir porque iba a jugar en La Paz.

La Copa América tiene más explicaciones que Don Ramón, más historias que Condorito y es tan realismo mágico que una vez jugó Japón, pero jamás Surinam, Guayana Francesa o Guyana que sí están en Sudamérica, por si se le había olvidado. En 2011 dijeron “ya, ahora sí empezamos nuevamente la rotación por orden alfabético, pero ordenados por favor muchachos americanos”. Y así resultó: Argentina (2011), Chile (2015), Estados Unidos (2016), Brasil (2019). Vea bien, no hay ninguna letra consecutiva.

Quizás el domingo la Copa la levanten Claudio Bravo y Lionel Messi, con una mano cada uno y se la entreguen a Donald Trump, antes que los expulse. Quizás en unos años más Inglaterra, aburrida de los arcaicos comunitarios europeos, prefiera venir a jugar a las tierras donde plantó su semilla más fecunda.
Gabo ríe a mandíbula batiente, porque la nueva sede la CONMEBOL está en su querido Macondo.

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