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En la Roma antigua existieron ¡sectas del culto dionisíaco!… de imaginar cómo lo pasaban dan ganas de haber sido sumo sacerdote en una de ellas. Gratos y sabrosos recuerdos, variedad de vinos degustados y bien maridados, un balance que enorgullece a cualquiera que ame el vino. 

Por Rodrigo Pica (@rodrigopica1)
Panelista de Caleta Abarca
Miembro del panel de cata de Mantegini Sommeliers www.culturasommelier.com.ar

Cuando Miguel Torres llegó a invertir a Chile a fines de los años 70, muchos lo tildaron de loco: como suele ser, los habladores no tenían razón y revolucionó la industria; reacción que también se produjo cuando, rememorando lo que se hace en otras regiones del mundo, convocó en Curicó algo que en Chile no era familiar: celebrar la fiesta de la vendimia, que hoy todos gozamos. Desde hace algo más de 15 años, esta mediterránea y gozadora costumbre se expande por nuestro país. La vendimia se celebra desde la época greco romana, y era uno de los más importantes cultos al dios Baco (o Dionisio), al punto que en la Roma antigua existieron ¡sectas del culto dionisíaco!… de imaginar cómo lo pasaban dan ganas de haber sido sumo sacerdote en una de ellas.

En marzo y abril celebramos muchas fiestas del vino: Buin, Isla de Maipo, Santa Cruz, Talca, Curicó y Ovalle destacan con las suyas, tan distintas y características, todas con comidas típicas, degustaciones de vino, artesanía y música, para convocar a la familia, a los amantes del vino y exhibir las tendencias de delicatesen, compartiendo un grato panorama.

Para mí es imperdible la de Pirque, en el parque Vicente Huidobro, dotada de picoteos, queso, buena parrilla y empanadas de horno para almorzar, excelente surtido de viñas en degustación, conocidas algunas, otras boutique y mucho vino de autor, todo lo cual permite probar vinos diferentes.

Este año, a la búsqueda de vinos novedosos, entre las decenas de maravillas disponibles, descubrí los mostos de viña Männle, ubicada en Bulnes, valle de Itata; me sorprendió un ensamblaje llamado Mapuche, de Cabernet Sauvignon, Carignan y País; rara mezcla, un vino joven, fresquísimo, con notas de cereza, frambuesa y rosa mosqueta, cuerpo ligero y rico final, excelente dato, al punto que me llevé una caja de 6 botellas por solamente 9 mil pesos.
En esta misma viña encontré un raro Syrah sureño, en línea varietal y reserva, muy diferentes a los que motivaron otra columna, vale la pena probarlos, sin tanta nota cárnica y más fruta negra fresca. Finalmente, además había carmenere de Itata, y esto sí me sorprendió, pues en una latitud tan sureña para esta cepa, tiene una madurez soberbia, con todas las virtudes de esta uva, para dar un vino muy fácil de leer, con sabores concentrados e intensos. Mis últimas copas fueron escuchando a Gatti y Mestre con temas de Sui Generis, porque la fiesta de la vendimia también tiene buena música.

En Curicó se engalana la plaza y cuadras aledañas, con vino, parrillas, artesanía de todo tipo, fiambres, embutidos, quesos y picoteos artesanales, etc. Había muy buenos anticuchos, también longas de ciervo y salame de jabalí a muy buen precio, que fueron combinados con queso de oveja, mucho sauvignon blanc y tintos de viñas pequeñas de la zona, pues esta debe ser la fiesta de mayor identidad regional, un verdadero testimonio de identidad. El vino curicano (Teno, Lontué, Sagrada Familia, etc.) es tan distinto al maulino: so far, so close, la influencia de las neblinas y brisas costeras hacen que los tintos sean equilibrados, esbeltos de cuerpo, frescos de sabor y que naden en fruta roja, con notas acarameladas a ratos; al mismo tiempo con buena concentración y final persistente, sin ser excesivamente terrosos ni ácidos.

Qué decir de la variedad de cepas que se encuentra: descubrí los mostos de Viña Korta, me cautivaron dos de sus cepas en la línea Barrel Selection: cabernet franc y también con su petit verdot, uvas que hacen a un carnívoro caer rendido de gozo frente a un bife, pero que en Chile suelen ser difíciles de beber por su respetable grosor y peso en boca; los de Korta tienen las virtudes de ambas cepas: madurez, intensidad, acidez, mas son muy equilibrados, frescos, jugosos y frutosos, como para estar una tarde gozándolos sin que saturen. Me sorprendí por su valor, a 4 mil pesos la botella, es un excelente dato para lucirse; habrá que comprarlos por caja directamente a la viña.

Los amantes del carmenere no perdonarían omitir la fiesta de la vendimia de Santa Cruz; la plaza engalanada con stands de viñas con etiquetas de excelente nivel para degustar, como Crucero de Siegel, Los Lingues de Casa Silva, Ecos de Rulo de Bisquertt, todas las de Lapostolle, Secreto de Viu Manent, Alpha de Montes y Gran Chamán de Santa Cruz, entre otras. No solo con una calle encarpada y llena de stands de comidas típicas, desde ceviche hasta parrillada, además de otra calle dotada de productos de pymes de todo tipo: desde zapatos a jamón de guanaco, en un marco muy autóctono y totalmente auténtico. Impresiona la calidad y la variedad de todo en esta fiesta, de altísimo nivel y mucha identidad regional; un excelente dato para ir en grupo a gozar.

Qué gratos y sabrosos recuerdos, que variedad de vinos de calidad degustados y bien maridados, un balance que enorgullece a cualquiera que ame el vino. Que terrible pensar que terminó la temporada de ferias de vendimia, se hace espantoso pensar que falta un año para repetirla.

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