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La gravísima lesión sufrida por el joven defensa cruzado provocó apoyo transversal de hinchas de todos los equipos. ¿Aire fresco de espíritu deportivo o la peligrosa solidaridad pasajera ante la tragedia?

Por Ignacio Pérez Tuesta
Director de Radio Sport Chile (@ipereztuesta)

Una imagen para no verla nunca más. Quedará para el archivo más terrible la imagen del minuto 23 en el hermoso estadio Elías Figueroa Brander de Playa Ancha, cuando Marco Sebastián Pol entró fuerte sobre las extremidades del larguirucho zaguero. El resto mejor ni acordarse.

Twitter, Facebook y cuanta red social y antisocial se llenó de mensajes para Biskupovic, casi todos del tipo “soy de otro equipo pero mucha fuerza Marko”, en una reacción bastante lógica de un ser humano con sus facultades mentales y emocionales en su sitio, salvo que se trate de trogloditas, que lamentablemente coexisten por estas tierras.

Lindo ver esos gestos, palabras de aliento y olvido del hinchismo y camiseta por un rato, ante tamaña escena, dirá usted. Un aire de deportividad y espíritu unitario en una actividad que, justamente, basa sus preceptos en la “competencia sana” y solidaridad (“fair play” para los posmodernos).

¿Pero qué tan real es eso en un país y en un fútbol como el nuestro o se trata de la exaltación de un momento?

La duda nace en los mil ejemplos que vivimos a diario. Nos acordamos de la gente con capacidades distintas una semana antes y dos días después de la Teletón, ya que el resto del año sigue habiendo papanatas estacionándose en los lugares pintados con la cruz de malta o no respetando los asientos en el micro o Metro para las veteranas o embarazadas.

Nos sentimos chilenos iguales en un terremoto o inundación, vanagloriamos el espíritu criollo cuando Don Francisco se para en un camión de Té Supremo y todos tocan las bocinas, pero miramos para abajo a la gente, atropellamos en el Metro, tiramos el auto encima, tratamos distinto por la piel, el barrio, el colegio o la comuna donde pagamos las contribuciones y lo primero que preguntamos al conocer a alguien es “¿qué hacís?’” como si eso determinara su calidad humana.

Así como el desarrollo de un país no sólo pasa por las cifras y las lucas en el bolsillo (eso sólo generará seres bineuronales con capacidad de endeudamiento del tipo mono con navaja), sino que debe ir acompañado con el avance y progreso del mate; el deporte pensado seriamente, debe ir de la mano con actitudes y acciones deportivas permanentes, donde la competencia es lo primero, pero con el fin de crecer y avanzar física e intelectualmente y no para agarrarse a cuchillazos o escupitajos.

¿Es muy difícil llegar a eso? Lindos gestos se vieron en los Juegos Suramericanos del público chileno aplaudiendo a competidores de otros países, dando lecciones de qué diantres se trata el deporte en su más profundo néctar. ¿Esos deportes son menos apasionados que el fútbol acaso? ¿No luchan por ganar? ¿No se juegan la vida en un segundo?

La pasión cuando es usada como disculpa y justificación fácil para explicar hechos de violencia, debe ser el acto más bajo que puede realizar un ser humano.

Que los gestos de apoyo a Marko Biskupovic no sean una golondrina ni un verano de San Juan, sólo porque había que quedar bien en Twitter, o para sentirnos mejor y creamos que nos ganamos un día más de cielo. Que el dolor de Marko haga que muchos que se pasan la vida violentando al fútbol y al deporte en una galería o detrás de un teclado sin dar la cara, piensen que esta actividad tiene un alma que va más allá de una camiseta o un resultado.

Que cuando Marko se recupere y vuelva a jugar, algunos no olviden cuánto les dolió ver la imagen de anoche y se acuerden que antes que todo el deporte es una forma de ver, pensar y vivir en sociedad y no un basurero donde verter violentamente las más profundas trancas, angustias e inseguridades.

Fuerza Marko.

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